lunes, 23 de marzo de 2020

Ejemplo de cómo elaborar documento de posición para debate.

Ejemplo de cómo elaborar documento de posición para debate.

PASO 1:
  1. Identificar la pregunta que coordina.

Imaginemos que me he responsabilizado de la siguiente pregunta: ¿Sería su posición favorable a la eutanasia? Se refiere al filósofo que estamos investigando. Por ejemplo Aristóteles.

PASO 2:

  1. Todos los miembros del equipo han investigado al filósofo por tanto, deben hacer una propuesta de solución a esta pregunta y enviarla al coordinador igual que hacéis con las preguntas de verificación.

Imaginemos que un equipo de Aristóteles cordinado por una tal Carmen, recibe las siguientes propuestas de respuesta a la pregunta, de las integrantes del equipo:

Begoña, por ejemplo, investigó Las excelencias del carácter o “virtudes éticas” y su relación con las “virtudes dianoéticas” y propone la siguiente respuesta: “Yo creo que Aristóteles esta cuestión la enfocaría así:

La función racional al ejercer la facultad deliberativa o inteligencia práctica sobre lo probable, en especial, sobre los deseos que brotan del alma apetitiva o deseante, puede recibir el deseo de una persona de querer acabar con su vida por la baja calidad de la misma. Este deseo debe ser sometido a esta facultad deliberativa y como resultado debe realizar una acción virtuosa que se aleje de los extremos por defecto y por exceso. Por tanto, un exceso sería la eutanasia activa, inyectarse una sustancia para morir, pero el defecto sería sufrir una vida insoportable, por lo que el término medio podría ser la eutanasia pasiva, es decir, dejar de tomar los medicamentos necesarios para vivir, o comer menos para debilitarse... y favorecer la acelaración de la mujerte.

Fuentes: Carlos Roser, Aristóteles, (Editorial Diálogo) páginas 85-120. ”.


Amparo, por ejemplo, investigó: Las excelencias del carácter como términos medios: la individualización de la excelencia y propone la siguiente respuesta: “Yo creo que Aristóteles esta cuestión la enfocaría así:

El término medio no es lo mismo para todos, por ejemplo, para un corredor de maratones entrenar todos los días 7 kilómetros es el término medio, pero para una persona que no suele hacer deporte, el término medio sería comenzar corriendo cinco minutos, caminar 4 minutos, correr otros 5, caminar 4... Aplicado al caso de la eutanasia habría que analizar con detalle cada caso, pues puede haber gente que pida la eutanasia por depresión, por falta de recursos económicos y de personas que le cuiden...etc. Por lo que yo creo que Aristóteles sería partidario de que si se aprobase una ley debería atender cada caso por separarlo sin compararlos con los demás.

Fuentes: Carlos Roser, Aristóteles, (Editorial Diálogo) páginas 37-85

Letizia, por ejemplo, investigó: La Política y propone la siguiente respuesta: “Yo creo que Aristóteles esta cuestión la enfocaría así:

Según Aristóteles la política busca la felicidad de todos. Aristóteles concede mucha importancia a la promulgación y elaboración de leyes justas que ayuden a los ciudadanos a elegir el término medio. Además considera muy importante tomar como criterio aquellos ciudadanos que todo el mundo admira por ser un ejemplo de virtud. Hoy en día si tenemos en cuenta algunos casos recientes de eutanasia como el de María José Carrasco, a la que su marido le facilitó el veneno mortal después de pedírselo ella, nos damos cuenta de que mucha gente apoya al marido, y lo considera virtuoso, aunque por incumplir la ley, le han encarcelado, por tanto, Aristóteles consideraría que habría que aprobar una ley que permitiese la eutanasia, porque ciudadanos considerados virtuosos por todos la han practicado.

Fuentes:



Luisa, por ejemplo, investigó: “Felicidad, bien y virtud” .Yo creo que Aristóteles esta cuestión la enfocaría así:

La felicidad según Aristóteles sólo se consigue si realizamos excelentemente aquello para la que nuestra naturaleza está diseñada. Y nuestra naturaleza según Aristóteles está diseñada para pensar. De hecho como el término medio no es el mismo para todos, siempre tenemos que estar pensando cual es el nuestro para cada situación y eso nos obliga a pensar, por eso buscar el término medio es la virtud, porque nos hace pensar. Esto me hace pensar que Aristóteles sería partidario de la eutanasía pasiva, al menos en aquellos casos en los que el paciente está en estado vegetativo y científicamente presente un diagnóstico irrecuperable, por tanto, no al no poder ni pensar, que es lo más propio de los seres humanos, sería justo la eutanasia, máxime si dio su consentimiento en un testamento vital.
Fuentes


Ana y María , por ejemplo, investigaron :Metafísica y Física, y la Teoría del Conocimiento . Dicen: Chicas por más que lo intento no lo consigo ver desde el tema que yo expuse, me paso a leer otro que no me tocó a mí a ver si encuentro algo. La coordinadora le puede contestar, Ana y María, tranquilas, como el documento de posición sólo ha de ocupar una hoja, si queréis investigad algo sobre el problema de la eutanasia hoy en día, los tipos de eutanasia... etc. Porque del filósofo ya tenemos bastante con las otras aportaciones. Entonces Ana y María investigan y le envían los siguiente:
“La palabra eutanasia por etimología significa la buena muerte. Normalmente consiste en facilitar una muerte sin sufrimiento a las personas con un diagnóstico médico irrecuperable y que llevan una vida de sufriemiento muy intenso. Se distinguen varios tipos, pero los fundamentales son la pasiva, que consiste en dejar morir al enfermo al no proporcionarle medicamentos o servicios imprescindibles para que siga vivo, y activa, facilitarle algún producto que le permita morir normalmente con el mínimo sufrimiento posible. En la actualidad la eutanasia está prohibida en España aunque hay asociaciones que defienden su legalidad y ayudan a asistir a personas que la tienen. En Holanda está permitida, y para llevarla a cabo se necesita un protocolo supervisado por expertos en medicina que garanticen que el paciente la solicita en pleno uso de la ratón, sin estar perturbada por depresión ni otros factores subsanables.
Fuentes:


PASO 3:
3. Ahora la coordinadora con esta información debe hacer una propuesta de redacción al resto del equipo sobre esta cuestión: (Pongo en negro, el trabajo que por ejemplo haría la coordinadora)
    ¿Sería la posición de Aristóteles favorable a la eutanasia?


“La palabra eutanasia por etimología significa la buena muerte. Normalmente consiste en facilitar una muerte sin sufrimiento a las personas con un diagnóstico médico irrecuperable y que llevan una vida de sufrimiento muy intenso. Se distinguen varios tipos, pero los fundamentales son la pasiva, que consiste en dejar morir al enfermo al no proporcionarle medicamentos o servicios imprescindibles para que siga vivo, y activa, facilitarle algún producto que le permita morir normalmente con el mínimo sufrimiento posible. En la actualidad la eutanasia está prohibida en España aunque hay asociaciones que defienden su legalidad y ayudan a asistir a personas que la tienen. En Holanda está permitida, y para llevarla a cabo se necesita un protocolo supervisado por expertos en medicina que garanticen que el paciente la solicita en pleno uso de la ratón, sin estar perturbada por depresión ni otros factores subsanables. Pensamos que la posición de Aristóteles podría ser favorable a la eutanasia, especilamente la pasiva, por las siguientes razones.

La felicidad según Aristóteles sólo se consigue si realizamos excelentemente aquello para la que nuestra naturaleza está diseñada. Y nuestra naturaleza, según Aristóteles, está diseñada para pensar. De hecho como el término medio no es el mismo para todos, siempre tenemos que estar pensando cual es nuestro término medio para cada situación, y eso nos obliga a pensar, por eso, para Aristóteles, buscar el término medio es la virtud, porque nos hace pensar. Esto nos lleva a defender que Aristóteles sería partidario de la eutanasía pasiva, al menos en aquellos casos en los que el paciente está en estado vegetativo y científicamente presente un diagnóstico irrecuperable, por tanto, al no poder ni pensar, que es lo más propio de los seres humanos, sería justo la eutanasia, máxime, si dio su consentimiento en un testamento vital. Pero a este argumento hemos de añadir el argumento que llamaremos del término medio.

La función racional al ejercer la facultad deliberativa o inteligencia práctica sobre lo probable, es decir, sobre los deseos que brotan del alma apetitiva o deseante, puede recibir el deseo de querer acabar con su vida por el mucho sufrimiento que soporta. Este deseo debe ser sometido a esta facultad deliberativa y como resultado debe realizar una acción virtuosa que se aleje de los extremos por defecto y por exceso. Por tanto, un exceso sería la eutanasia activa, inyectarse una sustancia para morir, pero el extremo por defecto, sería sufrir una vida insoportable, por lo que el término medio podría ser la eutanasia pasiva, es decir, dejar de tomar los medicamentos necesarios para sobrevivir con un dolor insoportable, o comer menos para debilitarse... y favorecer la acelaración de la mujerte. Además de este agumento del término medio o argumento ético, podríamos añadir un argumento político.

Según Aristóteles la política busca la felicidad de todos. Aristóteles concede mucha importancia a la promulgación y elaboración de leyes justas que ayuden a los ciudadanos a elegir el término medio y ser virtuosos. Además, considera muy importante tomar como criterio las elecciones de aquellos ciudadanos que todo el mundo admira por ser un ejemplo de virtud en sus decisiones, elecciones y acciones. Hoy en día, si tenemos en cuenta algunos casos recientes de eutanasia como el de María José Carrasco, a la que su marido le facilitó el fármaco mortal después de pedírselo ella, nos damos cuenta de que mucha gente apoyó la aplicación de la eutanasia y el apoyo del marido, y lo considera virtuoso, aunque, por incumplir la ley, le hayan encarcelado, por tanto, Aristóteles consideraría que habría que aprobar una ley que permitiese la eutanasia, porque ciudadanos considerados virtuosos por una amplia mayoría la han practicado. No obstante hemos de tener en cuenta que Aristóteles no sería partidario de una ley general sin mirar a los casos particulares,

El término medio no es lo mismo para todos, por ejemplo, para un corredor de maratones entrenar todos los días 7 kilómetros es el término medio, pero para una persona que no suele hacer deporte, el término medio sería comenzar corriendo cinco minutos, caminar 4 minutos, correr otros 5, caminar 4... Aplicado al caso de la eutanasia habría que analizar con detalle cada caso, pues puede haber casos que pidan la eutanasia por depresión, o por falta de recursos económicos, opor falta de personas que les cuiden...etc. Por lo que defendemos que Aristóteles sería partidario de que si se aprobase una ley debería atender cada caso por separlo sin compararlos con los demás”.

En definitiva, Aristóteles sería partidario de la eutanasia en los casos en los que la facultad racional está anulada; sería también partidario cuando la eutanasía activa fuese un extremo y el permanecer con vida comportase un sufrimiento insoportable; sería partidario porque ciudadanos considerados virtuosos por una mayoría la han llevado a cabo siguiendo un criterio que han calificado como justo; sería partidario de que si se aprobase una ley debería atender cada caso por separlo sin compararlos con los demás.

Fuentes:


Fuentes: Carlos Roser, Aristóteles, (Editorial Diálogo) páginas 37-85

PASO 4:

    4. La coordinadora enviaría su propuesta de redacción definitiva al equipo. Y el equipo hará sugerencias de modificación o le dará el okey para enviarlo al profesor añadiendo al final la rúbrica.
PASO 5:

Realizadas las enmiendas la coordinadora enviará en archivo adjunto, en formato word, (no vale compartir en drive, ni formato pdf) al profesor a la dirección agullo_alf@gva.es

Autoras: Ana Fernández, María Gutiérrez, Luisa García, Letizia Gómez, Amparo Agulló, Begoña Sarmiento, Carmen Crespo. 2 Bat B.
Coordinadora: Carmen Crespo.

    ¿Sería la posición de Aristóteles favorable a la eutanasia?

“La palabra eutanasia por etimología significa la buena muerte. Normalmente consiste en facilitar una muerte sin sufrimiento a las personas con un diagnóstico médico irrecuperable y que llevan una vida de sufrimiento muy intenso. Se distinguen varios tipos, pero los fundamentales son la pasiva, que consiste en dejar morir al enfermo al no proporcionarle medicamentos o servicios imprescindibles para que siga vivo, y activa, facilitarle algún producto que le permita morir normalmente con el mínimo sufrimiento posible. En la actualidad la eutanasia está prohibida en España aunque hay asociaciones que defienden su legalidad y ayudan a asistir a personas que la tienen. En Holanda está permitida, y para llevarla a cabo se necesita un protocolo supervisado por expertos en medicina que garanticen que el paciente la solicita en pleno uso de la ratón, sin estar perturbada por depresión ni otros factores subsanables. Pensamos que la posición de Aristóteles podría ser favorable a la eutanasia, especilamente la pasiva, por las siguientes razones.

La felicidad según Aristóteles sólo se consigue si realizamos excelentemente aquello para la que nuestra naturaleza está diseñada. Y nuestra naturaleza, según Aristóteles, está diseñada para pensar. De hecho como el término medio no es el mismo para todos, siempre tenemos que estar pensando cual es nuestro término medio para cada situación, y eso nos obliga a pensar, por eso, para Aristóteles, buscar el término medio es la virtud, porque nos hace pensar. Esto nos lleva a defender que Aristóteles sería partidario de la eutanasía pasiva, al menos en aquellos casos en los que el paciente está en estado vegetativo y científicamente presente un diagnóstico irrecuperable, por tanto, al no poder ni pensar, que es lo más propio de los seres humanos, sería justo la eutanasia, máxime, si dio su consentimiento en un testamento vital. Pero a este argumento hemos de añadir el argumento que llamaremos del término medio.

La función racional al ejercer la facultad deliberativa o inteligencia práctica sobre lo probable, es decir, sobre los deseos que brotan del alma apetitiva o deseante, puede recibir el deseo de querer acabar con su vida por el mucho sufrimiento que soporta. Este deseo debe ser sometido a esta facultad deliberativa y como resultado debe realizar una acción virtuosa que se aleje de los extremos por defecto y por exceso. Por tanto, un exceso sería la eutanasia activa, inyectarse una sustancia para morir, pero el extremo por defecto, sería sufrir una vida insoportable, por lo que el término medio podría ser la eutanasia pasiva, es decir, dejar de tomar los medicamentos necesarios para sobrevivir con un dolor insoportable, o comer menos para debilitarse... y favorecer la acelaración de la mujerte. Además de este agumento del término medio o argumento ético, podríamos añadir un argumento político.

Según Aristóteles la política busca la felicidad de todos. Aristóteles concede mucha importancia a la promulgación y elaboración de leyes justas que ayuden a los ciudadanos a elegir el término medio y ser virtuosos. Además, considera muy importante tomar como criterio las elecciones de aquellos ciudadanos que todo el mundo admira por ser un ejemplo de virtud en sus decisiones, elecciones y acciones. Hoy en día, si tenemos en cuenta algunos casos recientes de eutanasia como el de María José Carrasco, a la que su marido le facilitó el fármaco mortal después de pedírselo ella, nos damos cuenta de que mucha gente apoyó la aplicación de la eutanasia y el apoyo del marido, y lo considera virtuoso, aunque, por incumplir la ley, le hayan encarcelado, por tanto, Aristóteles consideraría que habría que aprobar una ley que permitiese la eutanasia, porque ciudadanos considerados virtuosos por una amplia mayoría la han practicado. No obstante hemos de tener en cuenta que Aristóteles no sería partidario de una ley general sin mirar a los casos particulares,

El término medio no es lo mismo para todos, por ejemplo, para un corredor de maratones entrenar todos los días 7 kilómetros es el término medio, pero para una persona que no suele hacer deporte, el término medio sería comenzar corriendo cinco minutos, caminar 4 minutos, correr otros 5, caminar 4... Aplicado al caso de la eutanasia habría que analizar con detalle cada caso, pues puede haber casos que pidan la eutanasia por depresión, o por falta de recursos económicos, opor falta de personas que les cuiden...etc. Por lo que defendemos que Aristóteles sería partidario de que si se aprobase una ley debería atender cada caso por separlo sin compararlos con los demás”.

En definitiva, Aristóteles sería partidario de la eutanasia en los casos en los que la facultad racional está anulada; sería también partidario cuando la eutanasía activa fuese un extremo y el permanecer con vida comportase un sufrimiento insoportable; sería partidario porque ciudadanos considerados virtuosos por una mayoría la han llevado a cabo siguiendo un criterio que han calificado como justo; sería partidario de que si se aprobase una ley debería atender cada caso por separlo sin compararlos con los demás.

RÚBRICA PARA DOCUMENTO DE POSICIÓN PARA DEBATE AGFIDE.
DESCRITPORESESPECIFICACIONES DE LOS DESCRIPTORES1,23,45,67,89,1
1. Datos1.1 Datos de los miembros del equipo, y coordinador.







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1. 2 Formato del archivo word. No acepto pdf.







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1.3 Letra tamaño 12. Tipo letra: Arial. Interlineado 1







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1.4 Ocupa como máximo una carilla.x







2. Título de la pregunta2.1 El título es la pregunta del debate.







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3. PARRAFO 1.3,1 Explica la problemática de la pregunta en un párrafo.







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3.2. Anuncia la posición que argumentará.







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4 PÁRRAFO 2.4.1. Argumenta con una idea del filósofo su posición.







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4.2 La argumentación es rigurosa.







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4.3 Si es necesario pone ejemplos y es didáctico.







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5 PÁRRAFO 3. (Se aceptan más párrafos con esta estructura o más ingeniosa si se os ocurre)5.1 Argumenta con una segunda idea del filósofo.







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5.2. La argumentación es rigurosa.







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5.3 Si es necesario pone ejemplos y es didáctico.







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6 Está bien estructurado









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7. Es clara y se expresa bien







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9. Comente pocas faltas de ortografía









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10. Es congruente.









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11 Cita fuentes de información.









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12 Valoración general









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13. Apto para exposición pública

SI
14. Presentado en plazo para ser corregido antes de la exposición pública
SI
NOTA: 9'5

PASO 5: Cada equipo debe hacer este proceso con cada una de las preguntas enviadas, es decir, si son 6 en el equipo, 6 preguntas según este procedimiento, si son 8, pues 8 preguntas según este procedimiento.

martes, 17 de marzo de 2020

DUALISMO ANTROPOLÓGICO: MECANICISMO, LIBERTAD E IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

DUALISMO ANTROPOLÓGICO: MECANICISMO, LIBERTAD E IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES
Por Paula Pamies 2º Bat. A. 
 ¿En qué se divide el ser humano para Descartes?, ¿qué relación hay entre las dos sustancias que componen al ser humano?, ¿por qué las pasiones siendo parte del cuerpo tienen que ser gestionadas por el pensamiento?, ¿existe la libertad?, ¿la presciencia divina es contradictoria a la libertad? Por último responderé a la pregunta de si es la igualdad entre hombres y mujeres un error, según esta teoría de Descartes. Para entender mejor el tema a tratar considero necesario definir los términos de la pregunta, ˋˋdualismo´´es una doctrina filosófica que explica el orden de las cosas como la combinación de dos principios opuestos, en este caso son el cuerpo material y el pensamiento. El siguiente término es ˋˋantropológico´´ que tiene relación con el hombre, ciencia que estudia tanto los aspectos físicos como las actitudes sociales y culturales de los seres humanos.

Para Descartes el ser humano está compuesto por dos sustancias independientes e irreductibles entre sí, estas dos sustancias son el pensamiento y la materia extensa. Ante este dualismo, Descartes llega a dos razonamientos, el primero es que el cuerpo y el alma están estrechamente unidos, y el segundo es que el alma como ser pensante es independiente de la materia extensa, es decir, el cuerpo, por lo que aunque estén tan unidos el alma puede existir sin él. Ante este razonamiento hay un problema que Platón también tenía, y es qué tipo de relación hay entre estas dos sustancias, la explicación que da Descartes la explicaré en el siguiente párrafo.

Según Descartes, las dos sustancias están tan unidas que llegan a estar mezcladas y dar la percepción de que se trata de una misma cosa. Pero claro no pueden ser una misma porque sino cuando tenemos un corte, pongamos en la rodilla, como ser pensante no sentiríamos dolor, solo percibiríamos la herida como forma de entendimiento, pero como sí sentimos dolor, llegamos a la conclusión de que la relación que existe es muy estrecha. Además, Descartes para explicar su relación se basa en una explicación fisiológica, él dice que en la parte más baja del cerebro, en el centro, se encuentra un glándula llamada pineal, que es el punto de contacto donde tiene lugar la interacción cuerpo-alma. Ante esta relación tan estrecha pero a la vez siendo las dos sustancias tan distintas, Descartes se pregunta cómo las pasiones siendo parte del cuerpo tienen que ser gestionadas por el pensamiento, su explicación la expondré a continuación.

Las pasiones son las percepciones, sentimientos o emociones que se dan en nuestro cuerpo pero que afectan a nuestra alma, estas son originadas en el cuerpo y causadas por las tendencias del cuerpo y las fuerzas vitales. Las pasiones son involuntarias e irracionales, involuntarias ya que no dependen del alma racional pero ellas se le imponen al alma, y son irracionales ya que no siguen las leyes de la racionalidad. Por estas características de la pasiones la fuerza del alma y la voluntad se ven obligadas a luchar contra ellas para dirigirlas y controlarlas. Estas no son malas pero tienen la exigencia de que de forma inmediata se les sea satisfechas, son impacientes por decirlo de un modo más simple, este hecho obliga a la voluntad a orientarlas de forma racional. La razón proporciona conocimientos y juicios para que la voluntad pueda conducir las acciones de la vida correctamente, por lo que las pasiones no son buenas ni malas en sí mismas sino que sólo lo es el uso que se hace de ellas. Además en la lucha del alma por controlar las pasiones interviene la libertad, que se expondrá de manera continua.

La libertad se encuentra en el alma ya que no está sometida a las leyes de la mecánica como lo está el cuerpo. Para Descartes la libertad se identifica con el alma, ya que el alma consta del entendimiento, pensar, y la voluntad, facultad de negar o afirmar algo, por lo que llega a la conclusión de que la libertad existe de forma evidente y es la máxima perfección del hombre. Según Descartes la libertad nos la ha proporcionado Dios y como él afirma su existencia, es una razón más para afirmar la existencia de la libertad. La libertad es la característica esencial de la voluntad, ya que ésta nos lleva hacia el bien o hacia el mal, hacia la verdad o hacia el error, nos llevará a la verdad cuando la voluntad obedezca a una razón pura y atenta, de el contrario nos conducirá al error. Por lo tanto, la libertad es la capacidad de elegir entre diferentes opciones que se nos presentan. Solamente cuando el entendimiento tenga las ideas claras sobre lo bueno y lo malo, la voluntad hará su función, en caso opuesto nos encontramos con la indiferencia que no es libertad sino ignorancia del entendimiento. También tenemos que llevar cuidado con la prevención y la precipitación, ya que estas dos acciones hay que evitarlas porque la prevención es negarse a hacer algo evidente por la razón y que no se efectúa por exceso de escepticismo, en el lado contrario está la precipitación que es que la voluntad acepte hacer algo antes de ser sometido y analizado por la razón. Estos dos casos hay que evitarlos, porque no estamos actuando racionalmente.

Ante la existencia de la libertad encontramos un problema la presciencia divina, que Descartes explicó y solucionó. Esta teoría expone que Dios como creador de todo y ser omnisciente, conoce el futuro, por lo tanto las decisiones que tomarán los seres humanos. Mediante esta explicación, la teoría mantiene que no existe la libertad puesto que Dios conoce lo que harán los humanos. Descartes ante esta teoría argumentó que no es incompatible que Dios conozca el futuro con que los humanos sean libres de decidir sus acciones. Este argumento se puede entender mejor mediante un ejemplo, yo sé que dos personas se odian y quieren pelearse, entonces yo sabiendo que si esas personas se ven se van a pelear, les digo que acudan a un mismo lugar y a una misma hora, por mucho que yo sepa lo que va a ocurrir sigue siendo decisión suya tanto acudir al sitio como pelearse cuando vean a la otra persona.

Una vez expuesto el tema a tratar voy a responder a la pregunta de si la igualdad entre hombres y mujeres es un error. Para empezar Descartes afirma que la razón es la cosa mejor repartida del mundo, por lo que siguiendo esto, la razón es igual tanto para hombres como para mujeres. Si siguiendo una razón pura llegamos a la verdad y los dos sexos tenemos la misma razón porque iba a ser la igualdad entre ellos un error, sería un error si alguno de ellos se dejara llevar por las pasiones ya que no fuese capaz de actuar correctamente al tener una menor razón o entendimiento. Por lo que no es un error que haya igualdad entre hombres y mujeres, ya que los dos tienen la misma capacidad de razonamiento que los llevará a actuar correctamente, además la libertad para Descartes sí existe ya que el alma lucha contra las pasiones para decidir racionalmente, por lo que unimos libertad con razón y si todos tenemos la misma razón tenemos que tener la misma libertad, y sin igualdad no hay libertad, por lo que concluyo, con que sí tiene que haber igualdad entre hombres y mujeres.

Para terminar, haré un pequeña conclusión, para Descartes el ser humano consta de dos sustancias independientes, el pensamiento y la materia extensa, estas dos comparten una relación muy estrecha que puede llegarse a percibir como una misma, además están en contacto mediante la glándula pineal. Descartes también explica que las pasiones tienen que ser gestionadas por el pensamiento porque sino nuestras acciones no serían correctas y racionales, además en la lucha del alma para controlarlas aparece la libertad, que nos conduce a la verdad cuando la razón es pura y atenta. Además debemos evitar la prevención y la precipitación ya que estas dos acciones no están influenciadas por la razón, que es la que nos conduce al bien y a la verdad. Después encontramos la presciencia divina que niega la libertad, en contra de ella Descartes argumenta que Dios puede conocer el futuro pero eso no es opuesto a que los humanos puedan elegir libremente. Por último he contestado a la pregunta formulada al principio de la exposición de si es un error la igualdad entre hombres y mujeres, a la que he respondido que no, ya que teniendo el mismo razonamiento, luchan de igual manera contra las pasiones, por lo que uniendo libertad con razón y libertad con igualdad llego a la conclusión de mi respuesta.


Preguntas de verificación:
1. Reproduce el argumento de Descartes según el cual cometemos errores.
2. ¿Cuál ha de ser nuestra conducta ante las pasiones y por qué?
3. ¿Cómo es posible que seamos libres si Dios lo conoce todo?
4. ¿Defendería Descartes la igualdad entre hombres y mujeres desde la sustancia extensa o cuerpo? Razona tu respuesta. 

sábado, 18 de enero de 2020

Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos


Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos


Para un desarrollo adecuado de la temática de la redacción creo importante responder a las siguientes cuestiones: ¿qué se entiende por el concepto de sustancia?, ¿Qué tipos de sustancia distingue Descartes?  ¿qué explicación tiene el mundo físico?. A continuación comenzaré por explicar el tema de la redacción.

Descartes define sustancia como una cosa que no tiene necesidad más que de sí misma para existir. Está definición es algo oscura, por lo que solamente es aplicable a Dios. No obstante,  la definición de sustancia, por analogía, o razonamiento de semejanza y diferencia también es aplicable a “el yo o alma” y a “los cuerpos materiales” ya que no necesitan el uno del otro para existir, en esto radica la semejanza analógica con la sustancia infinita o Dios, pero ambas aunque sean sustancias existen en la sustancia suprema o Dios, esta es la diferencia analógica. Para poder distinguir estos principios, Descarte llama a la sustancia pensante, res cogitans y a la sustancia extensa, res extensa. Veamos como llega a la sustancia pensante.

Descartes para descubrir una verdad intuida, evidente, clara y distinta, comienza dudando de todo, llevando esta duda a contradicción, es decir, no puedo dudar de que dudo, y dudar es pensar, por lo que descubre una verdad indubitable: yo pienso, yo soy, también lo dice con otra fórmula,  pienso, luego existo. Aquí Descartes da un significado amplio a pensar, pues también significa, afirmar, negar, estar triste o alegre, ...  Esto quiere decir que debajo de los actos de dudar, afirmar, negar, ... existe una susbstancia que da soporte a dichos actos, es la sustancia pensante o res cogitans.  Veamos ahora cómo define a Dios.

 A la idea de Dios llega Descartes a partir del siguiente momento deductivo: he llegado a la verdad indubitable de yo pienso, yo soy, dudando, pero tengo en mi la idea de perfección que no he podido crear yo, pues si la hubiese creado me hubiese dado tanta perfección a mí como perfección hay en la idea, y no es el caso. Luego existe un ser perfectísimo, Dios. “Bajo el nombre de Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y todas las cosas que existen han sido creadas y producidas”. Así es como define Descartes la sustancia infinita. Sin embargo, en el proceso lógico de demostración de las sustancias, Dios ocupa el segundo lugar. El primero lo ocupa el cogito. Esto es debido a que, a menos que afirmemos primero la existencia de un sujeto que piensa, no es posible ni siquiera pensar la idea de Dios. De la afirmación de que necesariamente debe existir un sujeto (o cosa) que piensa, Descartes deduce, en consecuencia con su teoría de las ideas, la necesidad de la existencia de Dios. Él vuelve afirmar “Dios existe; pues si bien hay en mí la idea de la sustancia, siendo yo una, no podría haber en mí la idea de una sustancia infinita, siendo yo un ser finito, de no haber sido puesta en mí por una sustancia que ya sea verdaderamente infinita”.Y de ésta pasar a demostrar en otro momento deductivo a la sustancia extensa. 

 Dios para Descartes es el instrumento que le permitirá demostrar la existencia de la sustancia extensa en base al siguiente razonamiento, si  la extensión se me presenta como una idea evidente, clara y distinta ya que se refiere a todo lo que ocupa un lugar en el espacio, es posible que exista algo distinto de mi pensamiento, (sustancia pensante, o res cogitans),  como tengo ideas de cosas exteriores que llegan a mi pensamiento  por vías distintas del propio pensamiento, es probable que esas cosas extensas existan, como Dios es todo-bondadoso y perfecto, no puede permitir que yo me engañe cuando esas cosas exteriores a mi pensamiento las considero en sus propiedades cuantificables. Dicho de otro modo, dado que Dios ha quedado demostrado y definido como un ser, en la idea del cual se contiene la perfección, no puede ser posible que este ser omnipotente (todopoderoso) y omnisciente (infinitamente sabio) permita que el sujeto se equivoque al afirmar que existe un mundo exterior responsable de las ideas adventicias que este sujeto posee. En palabras de Descartes, en el Discurso del Método: “todas nuestras ideas o nociones deben tener algún fundamento de verdad; pues no sería posible que Dios, que es todo perfecto y verdadero, las hubiese puesto en nosotros sin eso”, por lo que la sustancia extensa existe por demostración, y esta sustancia sigue leyes mecánicas.  


El mecanicismo para Descartes es una teoría que no admite más explicación de los fenómenos naturales que las derivadas de los movimientos o combinaciones de movimientos de cuerpos. Esta teoría expresa que la naturaleza es como una máquina, la cual transmite sus movimientos corporales como resultados automáticos de otros, que se propagan de cuerpo a cuerpo mediante una acción recíproca. Un ejemplo de esto es un reloj de cuerda que realiza todos sus movimientos mediante otras acciones transmitidas por contacto de un cuerpo a otro cuerpo. Siguiendo el ejemplo del reloj  podemos preguntarnos: ¿quién ha construido el reloj? o ¿quién le ha dado cuerda? Basándonos en las sustancias, Dios ha creado el universo de materia inerte, y le infundió movimiento, por tanto la cantidad de materia y de movimiento permanecerá constante e inalterable. La materia extensa es divisible de manera infinita dando lugar a todas las clases de seres materiales existentes. El choque y el roce de los cuerpos producen unas “limaduras” que ocupan todos los huecos. Estos huecos hacen que no exista el vacío y, por tanto, el movimiento se transmite necesariamente de un cuerpo a otro por contacto.

En conclusión, René Descartes  define sustancia como una cosa que no tiene necesidad más que de sí misma para existir. Está definición es solamente aplicable a Dios. No obstante, por analogía, se aplica a la sustancia pensante y a la extensa. En el orden del conocimiento la sustancia pensante precede a la infinita y a la extensa  pero en el orden ontológico o de la realidad, la sustancia infinita contiene la pensante y la extensa. El procedimiento para conocer todas las sustancias es un procedimiento deductivo que parte del yo pensante. Lo distintivo de la sustancia extensa es el mecanicismo que la determina. 




lunes, 13 de enero de 2020

Montaigne, Ensayos, Libro I, Capítulo XXX De los caníbales


Montaigne, Ensayos, Libro I,
Capítulo XXX
De los caníbales

Cuando el rey Pirro pasó a Italia, luego que hubo reconocido la organización del ejército romano que iba a batallar contra el suyo: «No sé, dijo, qué clase de bárbaros sean éstos (sabido es que los griegos llamaban así a todos los pueblos extranjeros), pero la disposición de los soldados que veo no es bárbara en modo alguno.» Otro tanto dijeron los griegos de las tropas que Flaminio introdujo en su país, y Filipo, contemplando desde un cerro el orden disposición del campamento romano, en su reino, bajo Publio Sulpicio Galba. Esto prueba que es bueno guardarse de abrazar las opiniones comunes, que hay que juzgar por el camino de la razón y no por la voz general.

Cuestiones:
  1. ¿Por qué razón el texto advierte de la necesidad de cuestionar las opiniones generales?
He tenido conmigo mucho tiempo un hombre que había vivido diez o doce años en ese mundo que ha sido descubierto en nuestro siglo, en el lugar en que Villegaignon tocó tierra, al cual puso por nombre Francia antártica. Este descubrimiento de un inmenso país vale bien la pena de ser tomado en consideración. Ignoro si en lo venidero tendrán lugar otros, en atención a que tantos y tantos hombres que vallan más que nosotros no tenían ni siquiera presunción remota de lo que en nuestro tiempo ha acontecido. Yo recelo a veces que acaso tengamos los ojos más grandes que el vientre, y más curiosidad que capacidad. Lo abarcamos todo, pero no estrechamos sino viento.
...
El hombre de que he hablado era sencillo y rudo, condición muy adecuada para ser verídico testimonio, pues los espíritus cultivados, si bien observan con mayor curiosidad y mayor número de cosas, suelen glosarlas ...

Volviendo a mi asunto, creo que nada hay de bárbaro ni de salvaje en esas naciones, según lo que se me ha referido; lo que ocurre es que cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus costumbres. Como no tenemos otro punto de mira para distinguir la verdad y la razón que el ejemplo e idea de las opiniones y usos de país en que vivimos, a nuestro dictamen en él tienen su asiento la perfecta religión, el gobierno más cumplido, el más irreprochable uso de todas las cosas. Así son salvajes esos pueblos como los frutos a que aplicamos igual nombre por germinar y desarrollarse espontáneamente; en verdad creo yo que mas bien debiéramos nombrar así a los que por medio de nuestro artificio hemos modificado y apartado del orden a que pertenecían; en los primeros se guardan vigorosas y vivas las propiedades y virtudes naturales, que son las verdaderas y útiles, las cuales hemos bastardeado en los segundos para acomodarlos al placer de nuestro gusto corrompido; y sin embargo, el sabor mismo y la delicadeza se avienen con nuestro paladar, que encuentra excelentes, en comparación con los nuestros, diversos frutos de aquellas regiones que se desarrollan sin cultivo. El arte no vence a la madre naturaleza, grande y poderosa. Tanto hemos recargado la belleza y riqueza de sus obras con nuestras invenciones, que la hemos ahogado; así es que por todas partes donde su belleza resplandece, la naturaleza deshonra nuestras invenciones frívolas y vanas.

Todos nuestros esfuerzos juntos no logran siquiera edificar el nido del más insignificante pajarillo, su contextura, su belleza y la utilidad de su uso; ni siquiera acertarían a formar el tejido de una mezquina tela de araña.

Esas naciones me parecen, pues, solamente bárbaras, en el sentido de que en ellas ha dominado escasamente la huella del espíritu humano, y porque permanecen todavía en los confines de su ingenuidad primitiva. Las leyes naturales dirigen su existencia muy poco bastardeadas por las nuestras, de tal suerte que, a veces, lamento que no hayan tenido noticia de tales pueblos, los hombres que hubieran podido juzgarlos mejor que nosotros. Siento que Licurgo y Platón no los hayan conocido, pues se me figura que lo que por experiencia vemos en esas naciones sobrepasa no sólo las pinturas con que la poesía ha embellecido la edad de oro de la humanidad, sino que todas las invenciones que los hombres pudieran imaginar para alcanzar una vida dichosa, juntas con las condiciones mismas de la filosofía, no han logrado representarse una ingenuidad tan pura y sencilla, comparable a la que vemos en esos países, ni han podido creer tampoco que una sociedad pudiera sostenerse con artificio tan escaso y, como si dijéramos, sin soldura humana. Es un pueblo, diría yo a Platón, en el cual no existe ninguna especie de tráfico, ningún conocimiento de las letras, ningún conocimiento de la ciencia de los números, ningún nombre de magistrado ni de otra suerte, que se aplique a ninguna superioridad política; tampoco hay ricos, ni pobres, ni contratos, ni sucesiones, ni particiones, ni más profesiones que las ociosas, ni más relaciones de parentesco que las comunes; las gentes van desnudas, no tienen agricultura ni metales, no beben vino ni cultivan los cereales. Las palabras mismas que significan la mentira, la traición, el disimulo, la avaricia, la envidia, la detractación, el perdón, les son desconocidas. ¡Cuán distante hallaría Platón la república que imaginé de la perfección de estos pueblos!

Viven en un lugar del país, pintoresco y tan sano que, según atestiguan los que lo vieron, es muy raro encontrar un hombre enfermo, legañoso, desdentado o encorbado por la vejez. Están situados a lo largo del Océano, defendidos del lado de la tierra por grandes y elevadas montañas, que distan del mar unas cien leguas aproximadamente. Tienen grande abundancia de carne y pescados, que en nada se asemejan a los nuestros, y que comen cocidos, sin aliño alguno. El primer hombre que vieron montado a caballo, aunque ya había tenido con ellos relaciones en anteriores viajes, les causó tanto horror en tal postura que le mataron a flechazos antes de reconocerlo. Sus edificios son muy largos, capaces de contener dos o trescientas almas; los cubren con la corteza de grandes arboles, están fijos al suelo por un extremo y se apoyan unos sobre otros por los lados, a la manera de algunas de nuestras granjas; la parte que los guarece llega hasta el suelo y les sirve de flanco. Tienen madera tan dura que la emplean para cortar, y con ella hacen espadas, y parrillas para asar la carne. Sus lechos son de un tejido de algodón, y están suspendidos del techo como los de nuestros navíos; cada cual ocupa el suyo; las mujeres duermen separadas de sus maridos. Levántanse cuando amanece, y comen, luego de haberse levantado, para todo el día, pues hacen una sola comida; en ésta no beben; así dice Suidas que hacen algunos pueblos del Oriente; beben sí fuera de la comida varias veces al día y abundantemente; preparan el líquido con ciertas raíces, tiene el color del vino claro y no lo toman sino tibio. Este brebaje, que no se conserva más que dos o tres días, es algo picante, pero no se sube a la cabeza; es saludable al estómago y sirve de laxante a los que no tienen costumbre de beberlo, pero a los que están habituados les es muy grato. En lugar de pan comen una sustancia blanca como el cilantro azucarado; yo la he probado, y, tiene el gusto dulce y algo desabrido. Pasan todo el día bailando. Los más jóvenes van a la caza de montería armados de arcos. Una parte de las mujeres se ocupa en calentar el brebaje, que es su principal oficio. Siempre hay algún anciano que por las mañanas, antes de la comida, predica a todos los que viven en una granjería, paseándose de un extremo a otro y repitiendo muchas veces la misma exhortación hasta que acaba de recorrer el recinto, el cual tiene unos cien pasos de longitud. No les recomienda sino dos cosas el anciano: el valor contra los enemigos y la buena amistad para con sus mujeres, y a esta segunda recomendación añade siempre que ellas son las que les suministran la bebida templada y en sazón. En varios lugares pueden verse, yo tengo algunos de estos objetos en mi casa, la forma de sus lechos, cordones, espadas, brazaletes de madera con que se preservan los puños en los combates, y grandes bastones con una abertura por un extremo, con el toque de los cuales sostienen la cadencia en sus danzas. Llevan el pelo cortado al rape, y se afeitan mejor que nosotros, sin otro utensilio que una navaja de madera o piedra. Creen en la inmortalidad del alma, y que las que han merecido bien de los dioses van a reposar al lugar del cielo en que el sol nace, y las malditas al lugar en que el sol se pone.

Tienen unos sacerdotes y profetas que se presentan muy poco ante el pueblo, y que viven en las montañas a la llegada de ellos celébrase una fiesta y asamblea solemne, en la que toman parte varias granjas; cada una de éstas, según queda descrita, forma un pueblo, y éstos se hallan situados una legua francesa de distancia. Los sacerdotes les hablan en público, los exhortan a la virtud y al deber, y toda su ciencia moral hállase comprendida en dos artículos, que son la proeza en la guerra y la afección a sus mujeres. Los mismos sacerdotes pronostícanles las cosas del porvenir y el resultado que deben esperar en sus empresas, encaminándolos o apartándolos de la guerra. Mas si son malos adivinos, si predicen lo contrario de lo que acontece, se los corta y tritura en mil pedazos, caso de atraparlos, como falsos profetas. Por esta razón, aquel que se equivoca una vez, desaparece luego para siempre.

Cuestiones:
  1. ¿Qué razones ofrece Montaigne para preferir a los indígenas antes que a los civilizados?
Los pueblos de que voy hablando hacen la guerra contra las naciones que viven del otro lado de las montañas, más adentro de la tierra firme. En estas luchas todos van desnudos; no llevan otras armas que arcos, o espadas de madera afiladas por un extremo, parecido a la hoja de un venablo. Es cosa sorprendente el considerar estos combates, que siempre acaban con la matanza y derramamiento de sangre, pues la derrota y el pánico son desconocidos en aquellas tierras. Cada cual lleva como trofeo la cabeza del enemigo que ha matado y la coloca a la entrada de su vivienda. A los prisioneros, después de haberles dado buen trato durante algún tiempo y de haberlos favorecido con todas las comodidades que imaginan, el jefe congrega a sus amigos en una asamblea, sujeta con una cuerda uno de los brazos del cautivo, y por el extremo de ella le mantiene a algunos pasos, a fin de no ser herido; el otro brazo lo sostiene de igual modo el amigo mejor del jefe; en esta disposición, los dos que le sujetan le destrozan a espadazos. Hecho esto, le asan, se lo comen entre todos, y envían algunos trozos a los amigos ausentes. Y no se lo comen para alimentarse, como antiguamente hacían los escitas, sino para llevar la venganza hasta el último límite; y así es en efecto, pues habiendo advertido que los portugueses que se unieron a sus adversarios ponían en práctica otra clase de muerte contra ellos cuando los cogían, la cual consistía en enterrarlos hasta la cintura y lanzarles luego en la parte descubierta gran número de flechas para después ahorcarlos, creyeron que estas gentes del otro mundo, lo mismo que las que habían sembrado el conocimiento de muchos vicios por los pueblos circunvecinos, que se hallaban más ejercitadas que ellos en todo género de malicia, no realizaban sin su por qué aquel género de venganza, que desde entonces fue a sus ojos más cruel que la suya; así que abandonaron su antigua práctica por la nueva de los portugueses. No dejo de reconocer la barbarie y el horror que supone el comerse al enemigo, mas sí me sorprende que comprendamos y veamos sus faltas y seamos ciegos para reconocer las nuestras. Creo que es más bárbaro comerse a un hombre vivo que comérselo muerto; desgarrar por medio de suplicios y tormentos un cuerpo todavía lleno de vida, asarlo lentamente, y echarlo luego a los perros o a los cerdos; esto, no sólo lo hemos leído, sino que lo hemos visto recientemente, y no es que se tratara de antiguos enemigos, sino de vecinos y conciudadanos, con la agravante circunstancia de que para la comisión de tal horror sirvieron de pretexto la piedad y la religión. Esto es más bárbaro que asar el cuerpo de un hombre y comérselo, después de muerto.

Crisipo y Zenón, maestros de la secta estoica, opinaban que no había inconveniente alguno en servirse de nuestros despojos para cualquier cosa que nos fuera útil, ni tampoco en servirse de ellos como alimento. Sitiados nuestros antepasados por César en la ciudad de Alesia, determinaron, para no morirse de hambre, alimentarse con los cuerpos de los ancianos, mujeres y demás personas inútiles para el combate.


Los mismos médicos no tienen inconveniente en emplear los restos humanos para las operaciones que practican en los cuerpos vivos, y los aplican, ya interior ya exteriormente. Jamás se vio en aquellos países opinión tan relajada que disculpase la traición, la deslealtad, la tiranía y la crueldad, que son nuestros pecados ordinarios. Podemos, pues, llamarlos bárbaros en presencia de los preceptos que la sana razón dicta, mas no si los comparamos con nosotros, que los sobrepasamos en todo género de barbarie. Sus guerras son completamente nobles y generosas; son tan excusables y abundan en acciones tan hermosas como esta enfermedad humana puede cobijar. No luchan por la conquista de nuevos territorios, pues gozan todavía de la fertilidad natural que los procura sin trabajo ni fatigas cuanto les es preciso, y tan abundantemente que les sería inútil ensanchar sus límites. Encuéntranse en la situación dichosa de no codiciar sino aquello que sus naturales necesidades les ordenan; todo lo que a éstas sobrepasa es superfluo para ellos. Generalmente los de una misma edad se llaman hermanos, hijos los menores, y los ancianos se consideran como padres de todos. Estos últimos dejan a sus herederos la plena posesión de sus bienes en común, sin más títulos que el que la naturaleza da a las criaturas al echarlas al mundo. Si sus vecinos trasponen las montañas para sitiarlos y logran vencerlos, el botín del triunfo consiste únicamente en la gloria y superioridad de haberlos sobrepasado en valor y en virtud, pues de nada les servirían las riquezas de los vencidos. Regresan a sus países, donde nada de lo preciso los falta, y donde saben además acomodarse a su condición y vivir contentos con ella. Igual virtud adorna a los del contrario bando. A los prisioneros no les exigen otro rescate que la confesión y el reconocimiento de haber sido vencidos; pero no se ve ni uno solo en todo el transcurso de un siglo que no prefiera antes la muerte que mostrarse cobarde ni de palabra ni de obra; ninguno pierde un adarme de su invencible esfuerzo, ni se ve ninguno tampoco que no prefiera ser muerto y devorado antes que solicitar el no serlo. Trátanlos con entera libertad a fin de que la vida les sea más grata, y les hablan generalmente de las amenazas de una muerte próxima, de los tormentos que sufrirán, de los preparativos que se disponen a este efecto, del magullamiento de sus miembros y del festín que se celebrará a sus expensas. De todo lo cual se echa mano con el propósito de arrancar de sus labios alguna palabra blanda o alguna bajeza, y también para hacerlos entrar en deseos de fluir para de este modo poder vanagloriarse de haberlos metido miedo y quebrantado su firmeza, pues consideradas las cosas rectamente, en este solo punto consiste la victoria verdadera.


Volviendo a los caníbales, diré que, muy lejos de rendirse los prisioneros por las amenazas que se les hacen, ocurre lo contrario; durante los dos o tres meses que permanecen en tierra enemiga están alegres, y meten prisa a sus amos para que se apresuren a darles la muerte, desafiándolos, injuriándolos, y echándoles en cara la cobardía y el número de batallas que perdieron contra los suyos. Guardo una canción compuesta por uno de aquéllos, en que se leen los rasgos siguientes: «Que vengan resueltamente todos cuanto antes, que se reúnan para comer mi carne, y comerán al mismo tiempo la de sus padres y la de sus abuelos, que antaño sirvieron de alimento a mi cuerpo; estos músculos, estas carnes y estas venas son los vuestros, pobres locos; no reconocéis que la sustancia de los miembros de vuestros antepasados reside todavía en mi cuerpo; saboreadlos bien, y encontraréis el guste de vuestra propia carne.» En nada se asemeja esta canción a las de los salvajes. Los que los pintan moribundos y los representan cuando se los sacrifica, muestran al prisionero escupiendo en el rostro a los que le matan y haciéndoles gestos. Hasta que exhalan el último suspiro no cesan de desafiarlos de palabra y por obras. Son aquellos hombres, sin mentir, completamente salvajes comparados con nosotros; preciso es que lo sean a sabiendas o que lo seamos nosotros. Hay una distancia enorme entre su manera de ser y la nuestra.


Tres hombres de aquellos países, desconociendo lo costoso que sería un día a su tranquilidad y dicha el conocimiento de la corrupción del nuestro, y que su comercio con nosotros engendraría su ruina, como supongo que habrá ya acontecido, por la locura de haberse dejado engañar por el deseo de novedades, y por haber abandonado la dulzura de su cielo para ver el nuestro, vinieron a Ruán cuando el rey Carlos IX residía en esta ciudad. El soberano los habló largo tiempo; mostrárenseles nuestras maneras, nuestros lujos, y cuantas cosas encierra una gran ciudad. Luego alguien quiso saber la opinión que formaran, y deseando conocer lo que les había parecido más admirable, respondieron que tres cosas (de ellas olvidé una y estoy bien pesaroso, pero dos las recuerdo bien): dijeron que encontraban muy raro que tantos hombres barbudos, de elevada estatura, fuertes y bien armados como rodeaban al rey (acaso se referían a los suizos de su guarda) se sometieran a la obediencia de un muchachillo, no eligieran mejor uno de entre ellos para que los mandara. En segundo lugar (según ellos la mitad de los hombres vale por lo menos la otra mitad), observaron que había entre nosotros muchas personas llenas y ahítas de toda suerte de comodidades y riquezas; que los otros mendigaban de hambre y miseria, y que les parecía también singular que los segundos pudieran soportar injusticia semejante y que no estrangularan a los primeros, o no pusieran fuego a sus casas.

Yo hablé a mi vez largo tiempo con uno de ellos, pero tuve un intérprete tan torpe o inhábil para entenderme, que fue poquísimo el placer que recibí. Preguntándole qué ventajas alcanzaba de la superioridad de que se hallaba investido entre los suyos, pues era entre ellos capitán, nuestros marinos le llamaban rey, díjome que la de ir a la cabeza en la guerra. Interrogado sobre el número de hombres que le seguían, mostrome un lugar para significarme que tantos como podía contener el sitio que señalaba (cuatro o cinco mil). Habiéndole dicho si fuera de la guerra duraba aún su autoridad, contestó que gozaba del privilegio, al visitar los pueblos que dependían de su mando, de que lo abriesen senderos al través de las malezas y arbustos, por donde pudiera pasar a gusto. Todo lo dicho en nada se asemeja a la insensatez ni a la barbarie. Lo que hay es que estas gentes no gastan calzones ni coletos.

Cuestiones:
  1. ¿A quiénes y por qué juzga Montaigne más bárbaros: a los indígenas o a los exploradores occidentales?