domingo, 13 de octubre de 2019

Discurso del método. Parte III , párrafos 1-6


Discurso del método. Parte III , párrafos 1-6

Por último, como para empezar a reconstruir el alojamiento en donde uno habita, no basta haberlo derribado y haber hecho acopio de materiales y de arquitectos, o haberse ejercitado uno mismo en la arquitectura y haber trazado además cuidadosamente el diseño del nuevo edificio, sino que también hay que proveerse de alguna otra habitación en donde pasar cómodamente el tiempo que dure el trabajo; así, pues, con el fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir, desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme una moral provisional, que no consistía sino en tres o cuatro máximas, que con mucho gusto voy a comunicaros.

La primera fue seguir las leyes y las costumbres de mi país, conservando con firme constancia la religión en que la gracia de Dios hizo que me instruyeran desde niño, rigiéndome en todo lo demás por las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso que fuesen comúnmente admitidas en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir. Porque habiendo comenzado ya a no contar para nada con las mías propias, puesto que pensaba someterlas todas a un nuevo examen, estaba seguro de que no podía hacer nada mejor que seguir las de los más sensatos. Y aun cuando entre los persas y los chinos hay quizás hombres tan sensatos como entre nosotros, parecíame que lo más útil era acomodarme a aquellos con quienes tendría que vivir; y que para saber cuáles eran sus verdaderas opiniones, debía fijarme más bien en lo que hacían que en lo que decían, no sólo porque, dada la corrupción de nuestras costumbres, hay pocas personas que consientan en decir lo que creen, sino también porque muchas lo ignoran, pues el acto del pensamiento por el cual uno cree una cosa es diferente de aquel otro por el cual uno conoce que la cree, y por lo tanto muchas veces se encuentra aquél sin éste. Y entre varias opiniones, igualmente admitidas, elegía las más moderadas, no sólo porque son siempre las más cómodas para la práctica, y verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo, sino también para alejarme menos del verdadero camino, en caso de error, si, habiendo elegido uno de los extremos, fuese el otro el que debiera seguirse. Y en particular consideraba yo como un exceso toda promesa por la cual se enajena una parte de la propia libertad: no que yo desaprobase las leyes que, para poner remedio a la inconstancia ele los espíritus débiles, permiten cuando se tiene algún designio bueno, o incluso para la seguridad del comercio, en designios indiferentes, hacer votos o contratos obligándose a perseverancia: pero como no veía en el mundo cosa alguna que permaneciera siempre en el mismo estado, y como, en lo que a mí se refiere, esperaba perfeccionar más y más mis juicios, no empeorarlos, hubiera yo creído cometer una grave falta contra el buen sentido si, por sólo el hecho de aprobar por entonces alguna cosa, me obligara a tenerla también por buena más tarde, habiendo ella acaso dejado de serlo, o habiendo yo dejado de estimarla como tal.


Mi segunda máxima fue la de ser en mis acciones lo más firme y resuelto que pudiera y seguir tan constante en las más dudosas opiniones, una vez determinado a ellas, como si fuesen segurísimas, imitando en esto a los caminantes que, extraviados en algún bosque, no deben andar errantes dando vueltas por una y otra parte, ni menos detenerse en un lugar, sino caminar siempre lo más derecho que puedan hacia un sitio fijo, sin cambiar de dirección por leves razones, aun cuando en un principio haya sido sólo el azar el que les haya determinado a elegir ese rumbo, pues de este modo, si no llegan precisamente a donde quieren ir, por lo menos acabarán por llegar a alguna parte, en donde es de pensar que estarán mejor que no en medio del bosque. Y así, puesto que muchas veces las acciones de la vida no admiten demora, es verdad muy cierta que si no está en nuestro poder discernir las mejores opiniones, debemos seguir las más probables; y aunque no encontremos más probabilidad en unas que en otras, debemos, no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después, no ya como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha determinado lo es. Y esto fue bastante para librarme desde entonces de todos los arrepentimientos y remordimientos que suelen agitar las conciencias de esos espíritus débiles y vacilantes que, sin constancia, se dejan arrastrar a practicar como buenas las cosas que luego juzgan malas.

Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos de suerte que después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, todo lo que falla en el éxito es para nosotros absolutamente imposible. Y esto solo me parecía bastante para apartarme en lo porvenir de desear algo sin conseguirlo y tenerme así contento; pues como nuestra voluntad no se determina naturalmente a desear sino las cosas que nuestro entendimiento le representa en cierto modo como posibles, es claro que si todos los bienes que están fuera de nosotros los consideramos igualmente inasequibles a nuestro poder, no sentiremos pena alguna por carecer de los que parecen debidos a nuestro nacimiento, cuando nos veamos privados de ellos sin culpa nuestra, como no la sentimos por no ser dueños de los reinos de la China o de México; y haciendo, como suele decirse, de necesidad virtud, no sentiremos mayores deseos de estar sanos, estando enfermos, o de estar libres, estando encarcelados, que ahora sentimos de poseer cuerpos compuestos de materia tan poco corruptible como el diamante o alas para volar como los pájaros. Pero confieso que son precisos largos ejercicios y reiteradas meditaciones para acostumbrarse a mirar todas las cosas por ese ángulo; y creo que en esto consistía principalmente el secreto de aquellos filósofos que pudieron antaño sustraerse al imperio de la fortuna, y a pesar de los sufrimientos y la pobreza, entrar en competencia de ventura con los propios dioses. Pues ocupados sin descanso en considerar los límites prescritos por la naturaleza, persuadíanse tan perfectamente de que nada tenían en su poder sino sus propios pensamientos, que esto sólo era bastante para impedirles sentir afecto hacia otras cosas; y disponían de esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto cierta razón de estimarse más ricos y poderosos y más libres y bienaventurados que otros hombres, los cuales, no teniendo esta filosofía, no pueden, por mucho que les hayan favorecido la naturaleza y la fortuna, disponer nunca, como aquellos filósofos, de todo cuanto quieren.

En fin, como conclusión de esta moral, ocurrióseme considerar, una por una, las diferentes ocupaciones a que los hombres dedican su vida, para procurar elegir la mejor; y sin querer decir nada de las de los demás, pensé que no podía hacer nada mejor que seguir en la misma que tenía; es decir, aplicar mi vida entera al cultivo de mi razón y a adelantar cuanto pudiera en el conocimiento de la verdad, según el método que me había prescrito. Tan extremado contemo había sentido ya desde que empecé a servirme de este método que no creía que pudiera recibirse otro más suave e inocente en esta vida; y descubriendo cada día, con su ayuda, algunas verdades que me parecían bastante importantes y generalmente ignoradas de los otros hombres, la satisfacción que experimentaba llenaba tan cumplidamente mi espíritu, que todo lo restante me era indiferente. Además, las tres máximas anteriores fundándose sólo en el propósito, que yo abrigaba, de continuar instruyéndome; pues habiendo dado Dios a cada hombre alguna luz con que discernir lo verdadero de lo falso, no hubiera yo creído que debía contentarme un solo momento con las opiniones ajenas, de no haberme propuesto usar de mi propio juicio para examinarlas cuando fuera de tiempo; y no hubiera podido librarme de escrúpulos, al seguirlas, si no hubiese esperado aprovechar todas las ocasiones para encontrar otras mejores, dado el caso que las hubiese; y, por último, no habría sabido limitar mis deseos y ·estar contento si no hubiese seguido un camino por donde, al mismo tiempo que asegurarme la adquisición de todos los conocimientos que yo pudiera, pensaba también del mismo modo llegar a adquirir todos los verdaderos bienes que estuviesen en mi poder; pues no determinándose nuestra voluntad a seguir o a evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, basta juzgar bien para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también lo mejor que se pueda; es decir, para adquirir todas las virtudes y con ellas cuantos bienes puedan lograrse; y cuando uno tiene la certidumbre de que ello es así, no puede por menos de estar contento.

Habiéndome, pues, afirmado en estas máximas, las cuales puse aparte juntamente con las verdades de la fe, que siempre han sido las primeras en mi creencia, pensé que de todas mis otras opiniones podía libremente empezar a deshacerme; y como esperaba conseguirlo mejor conversando con los hombres que permaneciendo por más tiempo encerrado en el cuarto en donde había meditado todos esos pensamientos, proseguí mi viaje antes de que el invierno estuviera del todo terminado. Y en los nueve años siguientes no hice otra cosa sino andar de acá para allá por el mundo, procurando ser más bien espectador que actor en las comedias que en él se representan; e instituyendo particulares reflexiones en toda materia sobre aquello que pudiera hacerla sospechosa y dar ocasión a equivocarnos, llegué a arrancar de mi espíritu, en todo ese tiempo, cuantos errores pudieron deslizarse anteriormente. Y no es que imitara a los escépticos, que dudan por sólo dudar y se las dan siempre de irresolutos; por el contrario, mi propósito no era otro que afianzarme en la verdad, apartando la tierra movediza y la arena, para dar con la roca viva o la arcilla. Lo cual, a mi parecer, conseguía bastante bien; tanto que, tratando de descubrir la falsedad o la incertidumbre de las proposiciones que examinaba, no mediante endebles conjeturas, sino por razonamientos claros y seguros, no encontraba ninguna tan dudosa que no pudiera sacar de ella alguna conclusión bastante cierta, aunque sólo fuese la de que no contenía nada cierto. Y así como al derribar una casa vieja suelen guardarse los materiales, que sirven para reconstruir la nueva, así también al destruir todas aquellas mis opiniones que juzgaba infundadas hacía yo varias observaciones y adquiría experiencias que me han servido después para establecer otras más ciertas. Y además seguía ejercitándome en el método que me había prescrito; pues sin contar con que cuidaba muy bien de conducir generalmente mis pensamientos según las citadas reglas, dedicaba de cuando en cuando algunas horas a practicarlas, particularmente en dificultades de matemáticas, o también en algunas otras que podía haber casi semejantes a las de las matemáticas, desligándolas de los principios de las otras ciencias, que no me parecían bastante firmes; todo esto puede verse en varias cuestiones que van explicadas en este mismo volumen. Y así, viviendo en apariencia como los que no tienen otra ocupación que la de pasar una vida suave e inocente y se ingenian en separar los placeres de los vicios, y para gozar de su ocio sin hastío hacen uso de cuantas diversiones honestas están a su alcance, no dejaba yo de perseverar en mi propósito y de sacar provecho para el conocimiento de la verdad, más acaso, que si me contentara con leer libros o frecuentar las tertulias literarias.

Sin embargo, transcurrieron esos nueve años sin que tomara yo decisión alguna tocante a las dificultades de que suelen disputar los doctos, y sin haber comenzado a buscar los cimientos de una filosofía más cierta que la vulgar. Y el ejemplo de varios excelentes ingenios que han intentado hacerlo sin, a mi parecer, conseguirlo, me llevaba a imaginar en ello tanta dificultad, que no me hubiera atrevido quizás a emprenderlo tan presto si no hubiera visto que algunos propalaban el rumor de que lo había llevado a cabo. No me es posible decir qué fundamentos tendrían para emitir tal opinión, y si en algo he contribuido a ella, por mis dichos, debe de haber sido por haber confesado mi ignorancia con más candor que suden hacerlo los que han estudiado un poco, y acaso también por haber dado a conocer las razones que tenía para dudar de muchas cosas que los demás consideran ciertas, mas no porque me haya preciado de poseer doctrina alguna. Pero como tengo el corazón bastante bien puesto para no querer que me tomen por otro distinto del que soy, pensé que era preciso procurar por todos los medios hacerme digno de la reputación que me daban; y hace ocho años, precisamente, ese deseo me decidió a alejarme de todos los lugares en donde podía tener algunas relaciones, y retirarme aquí, a un país donde la larga duración de la guerra ha sido causa de que se establezcan tales órdenes que los ejércitos que se mantienen parecen no servir sino para que los hombres gocen de los frutos de la paz con tanta mayor seguridad, y en donde, en medio de la multitud de un gran pueblo muy activo, más atento a los propios negocios que curioso de los ajenos, he podido, sin carecer de ninguna de las comodidades que hay en otras más frecuentadas ciudades, vivir tan solitario y retirado como en el más lejano desierto.
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Cuestiones:
  1. La alegoría o metáfora del alojamiento, reconstrución, derribo... ¿a qué puede estar referida? Razona la respuesta.
  2. Intenta interpretar la siguientes frase: “con el fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios”
  3. Razona si el primer de la moral provisional impulsa la revolución moral o política.
  4. ¿Por qué considera cualquier promesa un exceso no aconsejable?
  5. ¿Por qué considera las opiniones más moderadas las mejores?
  6. ¿Què propone hacer Descartes cuando la acción no admite demora y estamos muy dudosos? Explica la razón que da para actuar en ese sentido sirviéndote del ejemplo del bosque.
  7. Explica la siguiente frase: “vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo”, para ello sírvete de los ejemplos que te ofrece el párrafo de la tercera máxima.
  8. ¿Cuál es la mejor ocupación a la que puede dedicarse un hombre y por qué?
  9. ¿Qué relación guardan las tres primeras máximas con la cuarta?
  10. ¿Qué hace Descartes con el resto de opiniones que no sean esas cuatro máximas?
  11. ¿Es Descartes un escéptico? Razona tu respuesta.
  12. Investiga en qué país meditó Descartes para aplicar su método a la madre de todas las ciencias. Justifica tu respuesta.
  13. Define los siguientes términos: moral provisional, escéptico, máxima.
  14. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva del texto.

Discurso del método. Parte II, párrafos 6-13



Discurso del método. Parte II, párrafos 6-13


Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque de mármol sin desbastar. Luego, en lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive. Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos. Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera.

Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

Esas largas series de trabadas razones muy plausibles y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar de todas las cosas de que el hombre puede adquirir conocimtento se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias particulares, denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas sólo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento, y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir. Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces tan sólo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en línea, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro.

Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras, no sólo conseguí resolver varias cuestiones, que antes había considerado como muy difíciles, sino que hasta me pareció también, hacia el final, que, incluso en las que ignoraba, podría determinar por qué medios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo cual, acaso no me acusaréis de excesiva vanidad si consideráis que, supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber hallado acerca de la suma que examinaba todo cuanto el humano ingenio pueda hallar; porque, al fin y al cabo, el método que enseña a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción, y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. No por eso me atreví a empezar luego a examinar todas las que se presentaban, pues eso mismo fuera contrario al orden que el método prescribe; pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aún no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase, y, siendo esto la cosa más importante del mundo y en la que son más de temer la precipitación y la prevención, creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias que fueran después la materia de mis razonamientos, y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu.
Cuestiones:

  1. Indica en la tabla los inconvenientes y ventajas de estas ciencias para Descartes:


Lógica
Matemáticas
Análisis
Álgebra
Geometría
Inconveniente





Inconveniente





Inconveniente





Ventaja





Ventaja





Ventaja






  1. A pesar de los inconvenientes ¿ve Descartes ventajas en las ciencias de la tabla anterior para crear su método?
  2. ¿Por qué prefiere un método con pocos preceptos a un método con muchos?
  3. Explica el significado del término evidencia en el texto.
  4. De los cuatro preceptos del método de Descartes hay uno que se conoce como el análisis, identífícalo y razona tu respuesta.
  5. De los cuatro preceptos del método de Descartes hay uno que se conoce como la síntesis, identífícalo y razona tu respuesta.
  6. Relaciona recuentos con uno de los tres preceptos anteriores, haz lo mismo con revisiones.
  7. ¿Qué le permitió a Descartes la exacta observación de los pocos preceptos de su método?
  8. ¿A que ciencia pesnaba Descartes aplicar los preceptos de su método? ¿y por qué razones?
  9. Explica el significado de los términos evidencia y método en el texto y teniendo en cuenta la filosofía del autor.
  10. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva del texto. 


Discurso del método. Parte II, párrafos 1-5


Discurso del método. Parte II, párrafos 1-5

Hallábarne por entonces en Alemania, adonde me llamara la ocasión de unas guerras que aún no han terminado; y volviendo de la coronación del emperador hacia el ejército, cogiome el comienzo del invierno en un lugar en donde, no encontrando conversación alguna que me divirtiera y no teniendo tampoco, por fortuna, cuidados ni pasiones que perturbaran mi ánimo, permanecía el día entero solo y encerrado junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis pensamientos. Entre los cuales fue uno de los primeros el ocurrírserne considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechos por las manos de muchos maestros corno en aquellas en que uno solo ha trabajado. Así vernos que los edificios que un solo arquitecto ha comenzado y rematado suelen ser más hermosos y mejor ordenados que aquellos otros que varios han tratado de componer y arreglar, utilizando antiguos muros, construidos para otros fines. Esas viejas ciudades, que no fueron al principio sino aldeas, y que, con el transcurso del tiempo han llegado a ser grandes urbes, están, por lo común, muy mal trazadas y acompasadas, si las comparamos con estas otras plazas regulares que un ingeniero diseña, según su fantasía, en una llanura; y aunque considerando sus edificios uno por uno encontraremos a menudo en ellos tanto o más arte que en los que estas últimas ciudades nuevas, sin embargo, viendo cómo están arreglados, aquí uno grande, allá otro pequeño, y cómo hacen las calles curvas y desiguales, diríase que más bien es la fortuna que la voluntad de unos hombres provistos de razón la que los ha dispuesto de esa suerte. Y si se considera que, sin embargo, siempre ha habido unos oficiales encargados de cuidar de que los edificios de los particulares sirvan al ornato público, bien se reconocerá cuán difícil es hacer cumplidamente las cosas cuando se trabaja sobre lo hecho por otros. Así, también imaginaba yo que esos pueblos que fueron antaño medio salvajes y han ido civilizándose poco a poco, haciendo sus leyes conforme les iba obligando la incomodidad de los crímenes y peleas, no pueden estar tan bien constituidos como los que, desde que se juntaron, han venido observando las constituciones de algún prudente legislador. Como también es muy cierto que el estado de la verdadera religión, cuyas ordenanzas Dios sólo ha instituido, debe estar incomparablemente mejor reglado que todos los demás. Y para hablar de las otras cosas humanas, creo que si Esparta ha sido antaño muy floreciente, no fue por causa de la bondad de cada una de sus leyes en particular, que algunas eran muy extrañas y hasta contrarias a las buenas costumbres, sino porque, habiendo sido inventadas por uno solo, rodas tendían al mismo fin. Y así pensé yo que las ciencias de los libros, por lo menos aquellas cuyas razones son sólo probables y carecen de demostraciones, habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente, acerca de las cosas que se presentan. Y también pensaba yo que, como hemos sido todos nosotros niños antes de ser hombres y hemos tenido que dejarnos regir durante mucho tiempo por nuestros apetitos y nuestros preceptores, que muchas veces eran contrarios unos a otros, y ni unos ni otros nos aconsejaban siempre acaso lo mejor, es casi imposible que sean nuestros juicios tan puros y tan sólidos como lo fueran si, desde el momento de nacer, tuviéramos el uso pleno de nuestra razón y no hubiéramos sido nunca dirigidos más que por ésta.


Verdad es que no vemos que se derriben todas las casas de una ciudad con el único propósito de reconstruirlas de otra manera y de hacer más hermosas las calles; pero vemos que muchos particulares mandan echar abajo sus viviendas para reedificadas, y muchas veces son forzados a ello cuando los edificios están en peligro de caerse por no ser ya muy firmes los cimientos. Ante cuyo ejemplo llegué a persuadirme de que no sería en verdad sensato que un particular se propusiera reformar un Estado cambiándolo todo desde los cimientos, y derribándolo para enderezarlo; ni aun siquiera reformar el cuerpo de las ciencias o el orden establecido en las escuelas para su enseñanza; pero que, por lo que toca a las opiniones, a las que hasta entonces había dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender de una vez la labor de suprimirlas, para sustituirlas luego por otras mejores o por las mismas, cuando las hubiere ajustado al nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado nunca si eran o no verdaderos. Pues si bien en esta empresa veía varias dificultades, no eran, empero, de las que no tienen remedio, ni pueden compararse con las que hay en la reforma de las menores cosas que atañen a lo público. Estos grandes cuerpos políticos es muy difícil levantarlos una vez que han sido derribados, o aun sostenerlos en pie cuando se tambalean, y sus caídas son necesariamente muy duras. Además, en lo tocante a sus imperfecciones, si las tienen -y sólo la diversidad que existe entre ellos basta para asegurar que varios las tienen-, el uso las ha suavizado mucho, sin duda, y hasta ha evitado o corregido insensiblemente no pocas entre ellas, que con la prudencia no hubieran podido remediarse tan eficazmente; y, por último, son casi siempre más soportables que lo sería el cambiarlas, como los caminos reales, que serpentean por las montañas, se hacen poco a poco tan llanos y cómodos por el mucho tránsito que es muy preferible seguirlos que no meterse en acortar, saltando por encima de las rocas y bajando hasta el fondo de las simas.

Por todo esto, no puedo en modo alguno aplaudir a esos hombres de carácter inquieto y atropellado que, sin ser llamados ni por su alcurnia ni por su fortuna al manejo de los negocios públicos, no dejan de hacer siempre, en idea, alguna reforma nueva, y si creyera que hay en este escrito la menor cosa que pudiera hacerme sospechoso de semejante insensatez, no hubiera consentido en su publicación. Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo. Si, habiéndome gustado bastante mi obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite. Los que hayan recibido de Dios mejores y abundantes mercedes, tendrán, sin duda, más levantados propósitos, pero mucho me temo que este mío no sea ya demasiado audaz para algunas personas. Ya la mera resolución de deshacerse de todas las opiniones recibidas anteriormente no es un ejemplo que todos deban seguir. Y el mundo se compone casi sólo de dos especies de ingenios a quienes este ejemplo no conviene en modo alguno, y son, a saber: de los que, creyéndose más hábiles de lo que son, no pueden contener la precipitación de sus juicios ni conservar la bastante paciencia para conducir ordenadamente todos sus pensamientos; por donde sucede que, si una vez se hubiesen tomado la libertad de dudar de los principios que han recibido y de apartarse del camino común, nunca podrán mantenerse en la senda que hay que seguir para ir más en derechura, y permanecerán extraviados toda su vida; y de otros que, poseyendo bastante razón o modestia para juzgar que son menos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso que otras personas, de quienes pueden recibir instrucción, deben más bien contentarse con seguir las opiniones de esas personas que buscar por sí mismos otras mejores.

Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en mi vida más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las opiniones de los más doctos. Mas habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes, sino que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido siempre entre chinos o caníbales, y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo. No podía yo elegir a una persona cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.
Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.


  1. Investiga ¿A qué ejércitos perteneció Descartes? ¿En qué guerras participó?
  2. Descartes realiza una comparación entre dos tipos de cosas, las de la columna de la izquierda tienen una serie de inconvenientes, identifícalos, y las de la derecha una serie de ventajas identifícalas.
    Inconvenientes

    Ventajas
    Obras hechas por muchos autores.


    Obra hechas por un sólo autor

    Edificios construidos por muchos arquitectos
    Edificio construido por un sólo arquitecto:



    Ciudades viejas que evolucionan a partir de aldeas:

    Ciudades nuevas



    Pueblos salvajes que poco a poco se han civilizado
    Pueblos como Esparta que tuvieron un sólo legislador


    Ciencias de los libros con razones probables

    Razonamientos de un hombre de buen sentido



    Nuestros apetitos y preceptores



    El uso pleno de nuestra razón desde nacer




  3. Toda la columna de la izquierda está relacionada para Descartes con las características de la filosofía escolástica, investiga si este tipo de filosofía proporcionaba certeza, seguridad en el conocimiento, si permitía el avance de la ciencia, y si esa certeza se basaba sólo en la razón.
  4. La columna de la derecha del ejercicio 2 describe las características que Descartes ve en la nueva ciencia que nace con Galileo y el renacimiento, identifica si proporciona seguridad, certeza y permite el avance en el conocimientos, y si esas características se basan en la razón.
  5. Razona si según el texto teme Descartes ser tomado por un reformador.
  6. ¿Cuáles son los propósitos de Descartes?
  7. Si un científico o filósofo acepta precipitadamente una tesis ¿qué consecuencias no deseables puede tener?
  8. Si las opiniones o tesis de los doctos o sabios son contradictorias o dispares ¿es sensato seguirlas? ¿Qué sería lo sensato?
  9. ¿Qué precaución se toma Descartes?
  10. Explica el término razón, y reforma, según el texto.
  11. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva del texto.


Discurso del Método P1, Prr. 6-14


Discurso del Método P1, Prr. 6-14

Desde mi niñez fui criado en el estudio de las letras, y como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en la clase de los hombres doctos, cambié por completo de opinión. Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez más mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa, en donde pensaba yo que debía haber hombres sabios, si los hay en algún lugar de la tierra. Allí había aprendido todo lo que los demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuantos libros pudieron caer en mis manos referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, entre los cuales algunos había ya destinados a ocupar los puestos que dejaran vacantes nuestros maestros. Por último, parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios como haya sido cualquiera de los precedentes. Por todo lo cual me tomaba la libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente.

No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas. Sabía que las lenguas que en ellas se aprenden son necesarias para la inteligencia de los libros antiguos; que la gentileza de las fábulas despierta el ingenio; que las acciones memorables que cuentan las historias lo elevan, y que, leídas con discreción, ayudan a formar el juicio; que la lectura de todoslos buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos; que la elocuencia posee fuerzas y bellezas incomparables; que la poesía tiene delicadezas y suavidades que arrebatan; que en las matemáticas hay sutilísimas invenciones que pueden ser de mucho servicio, tanto para satisfacer a los curiosos como para facilitar las artes todas y disminuir el trabajo de los hombres; que los escritos que tratan de las costumbres encierran varias enseñanzas y exhortaciones a la virtud, todas muy útiles; que la teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía proporciona medios para hablar con verosimilitud de rodas las cosas y hacerse admirar de los menos sabios; que la jurisprudencia, la medicina y demás ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan; y, por último, que es bien haberlas recorrido todas, aun las más supersticiosas y las más falsas, para conocer su justo valor y no dejarse engañar por ellas.

Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la lectura de los libros antiguos y a sus historias y a sus fábulas. Pues es casi lo mismo conversar con gente de otros siglos que viajar. Bueno es saber algo de las costumbre de otros pueblos para juzgar las del propio con mayor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada. Pero el que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país; y al que estudia con demasiada curiosidad lo que se hacía en los siglos pretéritos ocúrrele de ordinario que permanece ignorante de lo que se practica en el presente. Además, las fábulas son causa de que imaginemos como posibles acontecimientos que no lo son; y aun las más fieles historias, supuesto que no cambien ni aumenten el valor de las cosas, para hacerlas más dignas de ser leídas omiten por lo menos, casi siempre, las circunstancias más bajas y menos ilustres, por lo cual sucede que lo restante no aparece tal como es, y que los que ajustan sus costumbres a los ejemplos que sacan de las historias se exponen a caer en las extravagancias de los paladines de nuestras novelas y concebir designios a que no alcanzan sus fuerzas.
Estimaba en mucho la elocuencia y era un enamorado de la poesía; pero pensaba que una y otra son dotes del ingenio más que frutos del erudito. Los que tienen más robusto razonar y digieren mejor sus pensamientos para hacerlos claros e inteligibles son los más capaces de al llevar a los ánimos la persuasión sobre los que se lo proponen, aunque hablen una pésima lengua y no hayan aprendido nunca retórica; y los que imaginan las más agradables invenciones, sabiéndolas expresar con mayor ornato y suavidad, serán siempre los mejores poetas, aun cuando desconozcan el arte poético.

Gustaba, sobre todo, de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus razones; pero aún no advertía cuál era su verdadero uso, y pensando que sólo para las artes mecánicas servían, extrañábame que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más levantado. Y, en cambio, los escritos de los antiguos paganos, referentes a las costumbres, comparábalos con palacios muy soberbios y magníficos, pero construidos sobre arena y barro; levantan muy en airo las virtudes y las presentan como las cosas más estimables que hay en el mundo, pero no nos enseñan bastante a conocerlas, y muchas veces dan ese hermoso nombre a lo que no es sino insensibilidad, orgullo, desesperación o parricidio.

Profesaba una gran reverencia por nuestra teología y, como cualquier otro, pretendía yo ganar el cielo. Pero habiendo aprendido, como cosa muy cierra, que el camino de la salvación está abierto para los ignorantes como para los doctos, y que las verdades reveladas que allá conducen están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos, pensando que para acometer la empresa de examinarlas y salir con bien de ella era preciso alguna extraordinaria ayuda del cielo, y ser, por lo tanto, algo más que hombre.

Nada diré de la filosofía sino que al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa. y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocantes a una misma materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil. Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido; y ni el honor ni el provecho que prometen, eran bastante para invitarme a aprenderlas; pues no me veía, gracias a Dios, en tal condición que hubiese de hacer de la ciencia un oficio con que mejorar mi fortuna, y aunque no profesaba el desprecio de la gloria a lo cínico, sin embargo, no estimaba en mucho aquella fama, cuya adquisición sólo merced a falsos títulos puede lograrse. Y, por último, en lo que toca a las malas doctrinas, pensaba que ya conocía bastante bien su valor para no dejarme burlar ni por las promesas de un alquimista, ni por las predicciones de un astrólogo, ni por los engaños de un mago, ni por los artificios o la presunción de los que profesan saber más de lo que saben.

Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos, en cultivar la sociedad de gentes de condiciones y humores diversos, en recoger varias experiencias, en ponerme a mí mismo a prueba en los casos, que la fortuna me deparaba, y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban que pudiera sacar algún provecho de ellas. Pues parecíame que podía hallar mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le atañen, expuesto a que el suceso venga luego a castigarle, si ha juzgado mal, que en los que discurre un hombre de letras, encerrado en su despacho, acerca de especulaciones que no producen efecto alguno y que no tienen para él otras consecuencias, sino que acaso sean tanto mayor motivo para envanecerle cuanto más se aparten del sentido común; puesto que habrá tenido que gastar más ingenio y artificio en procurar hacerlas verosímiles. Y siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.

Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres, apenas hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos. De suerte que el mayor provecho que obtenía era que, viendo varias cosas que, a pesar de parecernos muy extravagantes y ridículas, no dejan de ser admitidas comúnmente y aprobadas por otros grandes pueblos, aprendía a no creer con demasiada firmeza aquello de lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido; y así me libraba poco a poco de muchos errores, que pueden ofuscar nuestra luz natural y tornarnos menos aptos para escuchar la voz de la razón. Mas cuando hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando de adquirir alguna experiencia, resolvime un día estudiar también en mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección de la senda que debía seguir; lo cual me salió mucho mejor, según creo, que si no me hubiese nunca alejado de mi tierra y de mis libros.

Cuestiones:
  1. ¿Qué le provocó a Descartes el estudio de la filosofía escolástica a la que se refiere con el estudio de las letras?
  2. ¿Qué valora positivamente y qué negativamente de las ciencias que estudió? Fíjate especialmente en las matemáticas, la teología, filosofía,
    CIENCIA
    POSITIVO
    NEGATIVO



























  3. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva del texto.
  4. Explica el significado de los términos matemáticas, filosofía y teología, en el texto.

Discurso del Método P1, Prr. 1-5



Discurso del Método P1, Prr. 1-5

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean. más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él.

Por mi parte, nunca he creído que mi ingenio fuese más perfecto que los ingenios comunes; hasta he deseado muchas veces tener el pensamiento tan rápido, o la imaginación tan nítida y distinta, o la memoria tan amplia y presente como algunos otros. Y no sé de otras cualidades sino ésas, que contribuyen a la perfección del ingenio; pues en lo que toca a la razón o al sentido; siendo, como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los filósofos, que dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas o naturalezas de los individuos de una misma especie.

Pero, sin temor, puedo decir que creo que fue una gran ventura para mí el haberme metido desde joven por ciertos caminos, que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas, con las que he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirme llegar. Pues tales frutos he recogido ya de ese método que aun cuando en el juicio que sobre mí mismo hago procuro siempre inclinarme del lado de la desconfianza mejor que del de la presunción, y aunque al mirar con ánimo filosófico las distintas acciones y empresas de los hombres no hallo casi ninguna que no me parezca vana e inútil, sin embargo, no deja de producir en mí una extremada satisfacción el progreso que pienso haber realizado ya en la investigación de la verdad, y concibo tales esperanzas para el porvenir que si entre las ocupaciones que embargan a los hombres, puramente hombres, hay alguna que sea sólidamente buena e importante, me atrevo a creer que es la que yo he elegido por mía.

Puede ser, no obstante, que me engañe, y acaso lo que me parece oro puro y diamante fino no sea sino un poco de cobre y de vidrio. Sé cuán expuestos estamos a equivocarnos cuando de nosotros mismos se trata, y cuán sospechosos deben sernos también los juicios de los amigos que se pronuncian en nuestro favor. Pero me gustaría dar a conocer en el presente discurso los caminos que he seguido y representar en ellos mi vida como en un cuadro, para que cada cual pueda formar su juicio, y así, tomando luego conocimiento, por el rumor público, de las opiniones emitidas, sea éste un nuevo medio de instruirme, que añadiré a los que acostumbro emplear.

Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer .el modo como yo he procurado conducir la mía. Los que se meten a dar preceptos deben estimarse más hábiles que aquellos a quienes los dan, y son muy censurables si faltan en la cosa más mínima. Pero como yo no propongo este escrito sino a modo de historia o, si preferís, de fábula, en la que, entre ejemplos que podrán imitarse, irán acaso otros también que con razón no serán seguidos, espero que tendrá utilidad para algunos, sin ser nocivo para nadie, y que todo el mundo agradecerá mi franqueza.

Cuestiones

  1. Razona si las implicaciones o consecuencias d de la siguiente afirmación son sensatas :
    la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, ,,, es naturalmente igual en todos los hombres;
    todos los hombres que aplican bien su ingenio deberían llegar a las mismas conclusiones.
    Sólo existe una verdad común a todos los seres humanos.
    La diversidad de opiniones puede ser tolerada pero es un error científico.
    Los prejuicios son inevitables
    La educación debe ser plural.
    Existen muchos tipos de costumbres pero debería existir un código moral y legal para todo el mundo.
    Solo debería existir una religión verdadera.
  2. ¿Qué puede significar aplicar bien el ingenio?
  3. ¿Utiliza en el primer párrafo la primera persona de los verbos que emplea para establecer afirmaciones? ¿Qué puede significar esta opción de estilo?
  4. Explica el significado de los términos buen sentido, aplicar bien, en el texto.
  5. ¿En qué persona están empleados los verbos del segundo párrafo y siguientes?
  6. Explica el significado del término ingenio, y mi, método en el texto.
  7. Si el buen sentido o razón está en todos y Descartes pretende mostrarnos el método por el que se ha conducido su razón ¿demos llegar todos a la misma conclusión que Descartes?
  8. ¿Cuál es el propósito de Descartes? ¿Qué temores manifiesta Descartes sobre su propósito?
  9. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva del texto.

lunes, 7 de octubre de 2019

Contexto Filosófico. Causas de la revolución científica y la mecánica galileana.


Causas de la revolución científica y la mecánica galileana

Para un desarrollo adecuado de la temática de la redacción creo importante responder las siguientes cuestiones: ¿qué entendemos por revolución científica?, ¿cuáles han sido las causas que han contribuido a la revolución científica?, ¿qué es el método matemático?, ¿qué es la mecánica galileana?, ¿qué pasaría con la aceleración si pudiéramos “desconectar” la gravedad?, ¿cómo pudo explicar Galileo los movimientos “incomprensibles” según Aristóteles?

Para una mejor comprensión, definiremos los términos expuestos en el título :
entendemos por causa, la primera instancia a partir de la cual se desarrollan eventos o situaciones específicas que son una consecuencia necesaria de aquella. Por revolución: cambio violento y radical en el enfoque de la ciencia. El término científica: que se ajusta a los principios y métodos de la ciencia o está relacionado con ella. Mecánica: parte de la física que estudia el movimiento y el equilibrio de los cuerpos, así como de las fuerzas que los producen. Y por último Galileana: de Galileo Galilei o relacionado con él.

La revolución científica es un concepto usado para explicar el surgimiento de la ciencia durante la edad moderna temprana, asociada principalmente a los siglos XVI y XVII, en que nuevas ideas y conocimientos en física, astronomía, biología y química transformaron las visiones antiguas y medievales sobre la naturaleza y sentaron las bases de la ciencia clásica.
Pero, ¿cuáles han sido las causas de han contribuido a la revolución científica que se opera en los siglos xvi y xvii? Empezaré diciendo que son muchos los factores que han contribuido a ello, uno de esos ha sido el descubrimiento de los clásicos griegos. Así, la influencia del platonismo y del pitagorismo y del valor que concedían a los números y la geometría, ha tenido importancia a la hora de convertir el estudio de la naturaleza en la búsqueda de proporciones numéricas entre los fenómenos y de leyes matemáticas que gobernarían los movimientos de los astros. Arquímedes va a sustituir, como modelo de sabio, a Aristoteles, éste fue considerado filósofo en la edad media, pero en el renacimiento se va a imponer como modelo de sabio a Arquímedes. Otro factor muy importante ha sido el gran interés va a ser la concepción de la ciencia como instrumento para hacer la vida más fácil un factor descuidado por la tradición aristotélica. El filósofo de la nueva ciencia comienza a interesarse por el estudio de artes como la construcción, navegación, agricultura, joyería, relojería… Los expertos en éstas artes y oficios comienzan a editar tratados sobre la minería, metalurgia... que gracias a la imprenta van a tener mayor difusión. Esto no respondía solo a una curiosidad natural de los científicos; la sociedad exigía de ellos unos saberes útiles que les permitiesen mejorar los medios de producción, las actividades sobre la navegación, la arquitectura, la construcción de canales y presas... Como resultado de ellos aparece un nuevo tipo de filósofo científico, al cual, son los problemas más técnicos, los que le estimulan a desentrañar los secretos de la naturaleza. Se va a romper el viejo divorcio entre la filosofía y la técnica, ésta era considerada por Aristoteles como un saber inferior, mientras que la filosofía, sabiduría puramente contemplativa y alejada de las presiones de utilidad, era encumbrada como el saber superior por Aristóteles. El interés de los científicos por estas cuestiones técnicas les llevó a hacer contribuciones en problemas fundamentales, por ejemplo el intento de calcular el ángulo con que debe ser disparado un cañón para conseguir el máximo alcance, llevó a los científicos renacentistas a criticar la concepción Aristotélica del movimiento. Galileo estudió las leyes de la refracción para construirse un telescopio con el que mirar a los cielos. Descartes escribió su dióptrica (el primero de los 3 tratados científicos que acompañaban al discurso) para dotar de una base científica a la construcción de gafas y lentes para telescopios. Se descubrieron nuevos aparatos técnicos que van a perfeccionar la observación científica y permitir el progreso: la brújula por ejemplo.

No obstante, hay otro factor que es incluso más decisivo a la hora de caracterizar esta nueva ciencia: la introducción del método matemático en la investigación experimental. No ha sido simplemente el perfeccionamiento de las técnicas de observación lo que arruinó el sistema aristotélico, sino el analizar los fenómenos con una mentalidad matemática. Consideremos por ejemplo, el principio de inercia, base de la nueva mecánica, y desconocido por la aristotélica, basada  en el principio de que todo lo que se mueve es movido por una causa externa. Bien, el principio de la inercia no es empíricamente observabe: efectivamente un cuerpo sobre la superficie de la tierra se detiene y no prosigue indefinidamente en movimiento, debido a las resistencias como el aire, los rozamientos, las adherencias al terreno, la gravedad... Para establecerlo Galileo tuvo que aislar de la realidad empírica todas esas condiciones, reduciendo mentalmente la naturaleza a un espacio tridimensional vacío donde no hay rozamientos, resistencias, ni cualidades, donde los móviles que circulan por él también carecen de cualidades como el peso. Es decir, eliminó mentalmente todo lo que no fuera numérico ni geométrico, el cuerpo quedó reducido a un cuerpo geométrico puro solo con figura y tamaño perfectamente cuantificable. En ese espacio “idealizado”, matematizado, es donde son posibles las demostraciones matemáticas “La filosofía esta escrita en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir el universo, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua, a conocer los caracteres en los que esta escrito. Está escrito en lengua matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar en un oscuro laberinto.” Estas palabras de Galileo pueden considerarse el manifiesto de la nueva ciencia.

Sin embargo, fue la mecánica galileana la que originó la verdadera revolución científica, aquí fue donde la contribución de Galileo fue decisiva para el progreso de la nueva ciencia. La noción central de la mecánica es el concepto de movimiento. Galileo deja de lado la definición de Aristoteles de movimiento. Reduce el movimiento a traslado de un cuerpo de un espacio a otro, lo que Aristoteles había llamado “movimiento local”. En este movimiento local lo único que hay que tener en cuenta son las cualidades medibles: espacio recorrido, velocidades, tiempos, en definitiva, magnitudes... Lo que se busca de la realidad es su medición, no su esencia o naturaleza. Así, por ejemplo, al estudiar el movimiento de una caída libre, Galileo no se preocupa por cual es la causa o esencia de este movimiento. Su mente científica se contenta con probar que su movimiento es uniformemente acelerado, lo que le permite hacer cálculos y predecir fenómenos en los que estos movimientos estén involucrados. Como resultado de esta matematización, Galileo destruye una de las piedras angulares de la mecánica aristotélica: la de que todo lo que se mueve necesita una causa externa que actúe sobre el móvil todo el tiempo que dure el movimiento. Lo que una fuerza produce al actuar sobre el móvil es la aceleración. Esto ocurre en la caída libre donde esa aceleración es la gravedad. ¿pero que ocurriría si pudiéramos “desconectar” la gravedad? No habría causa alguna para la aceleración y el movimiento debería ser uniforme. Esto es lo que ocurriría en una bola que lanzáramos por un plano horizontal. En este caso no habría causa alguna que acelere o decelere el movimiento. Por tanto, no cabe sino concluir que el móvil sobre plano inclinado permanecería en movimiento uniforme indefinidamente, salvo que una fuerza lo sacara de ese estado. Éste era el “principio de la inercia” con él toda la mecánica aristotélica se venía abajo. Una vez definido el principio de inercia, Galileo podía explicar las objeciones que el sistema copernicano recibía. Por ejemplo, por qué el aire no se quedaba atrás si la tierra estaba en movimiento. Galileo pudo explicar también movimientos que según los principios aristotélicos eran incomprensibles. Así el movimiento de los proyectiles. Consideró el movimiento de éstos como resultado de la suma de dos movimientos que se dan en el proyectil, por una parte, la gravedad tira del móvil hacia el centro de la tierra, y por otra la inercia que tiende a desplazarlo en línea recta con velocidad uniforme. El resultado de sumar ambos movimientos sería una parábola y el cálculo matemático permitiría demostrar el alcance máximo de ese proyectil se produciría cuando fuera disparado en un ángulo de 45º. El conocimiento de este hecho empírico ya se tenía, Galileo lo había demostrado teóricamente.

En conclusión, gracias al interés de los científicos renacentistas que criticaban la concepción aristotélica del movimiento, e introdujeron el método matemático, la nueva ciencia fue una realidad. Además, la mecánica galileana fue la contribución decisiva, la cual demostró el principio de la inercia, refutando la mecánica aristotélica.

jueves, 20 de junio de 2019

VÍDEOS SOBRE DISCURSO DEL MÉTODO DE DESCARTES

PRESENTACIÓN DELOS VÍDEOS SOBRE EL DISCURSO DEL MÉTODO DEL PROFESOR DE FILOSOFÍA, ALFONSO AGULLÓ CANDA

Advertencias: 
Se trata de grabaciones brutas, con una nula experiencia en este tipo de arte, sin ningún tipo de casting previo, (esto lo aseguro), todo ello ponen de relieve que el objetivo principal es pretender ayudar al alumnado de secundaria fuera del aula y atender a sus preguntas por los medios que nos brinda la tecnología. 



No se trata de grabaciones de un alto rigor técnico, el deber de un profesor es sembrar la curiosidad por saber, la necesidad de saber, divulgar, popularizar con el mayor rigor técnico su saber, pero siendo consciente que la exactitud técnica que a él le ha costado años de universidad y años de experiencia no se le puede exigir a un estudiante.

Reflexiones positivas y negativas sobre esta iniciativa:

Consciente de que cualquiera de mis alumnos y alumnas tiene más destrezas de las que yo poseo para elaborar y editar vídeos así como para escribir guiones, y si todavía no las tiene, estoy convencido de que las tendrá, porque la cultura que se ha implantado es ya audiovisual y le condicionará a él más de lo que a mí, me he atrevido a dar este paso por varias razones:

Por lo que se refiere a la clase invertida se facilitaron videoexplicaciones a todo el alumnado sobre el Discurso del método, que presentó mayores dificultades de comprensión. Se destacan como aspectos positivos del proyecto:

  1. Una grabación se puede parar muchas veces y repetir adaptándose mejor a la nivel de atención del alumno y a sus destrezas mentales.

  2. La motivación por aprender, así como la disposición y la responsabilidad de aprender y trabajar no siempre es el motivo por el que el alumnado acude a clase, no obstante, cuando un alumno se dispone a escuchar una grabación sobre una materia filosófica lo hará porque lo cree el momento adecuado y dispone de la concentración exigida.

  3. Una materia como la filosofía exige la concentración en el razonamiento y esto a veces se torna difícil cuando a la vez que razonar el profesor también ha de ejercer un cierto rol policial que le entorpece su labor técnica, esta pérdida de la concentración se mitiga mucho al ofrecerse por grabación. 

  4. Se trata también de un ejercicio de honestidad y transparencia cívica hacia la sociedad pues hacer público lo que se ha dicho en alguna ocasión ya en un lugar público, como puede ser una clase, no tiene porque limitarse a ese espacio exclusivamente, pues ya está influyendo en los ciudadanos del mañana. Esto puede permitir una retroalimentación que nos ayude a mejorar. 

  5. A los alumnos que faltan a clase por razones justificadas hemos de ofrecerle la posibilidad de tener una aproximación de lo que se ha tratado en clase y cómo el profesor lo ha tratado. 

  6. Las ventajas de la llamada clase invertida, permite al alumno acudir a la cita con el profesor con un nivel de esfuerzo de aprendizaje ya realizado al escuchar la grabación, lo que permite al profesor concentrar las explicaciones en las aclaraciones que el ejercicio de escuchar la grabación generó.

  7. La distribución del horario lectivo marca una clara diferencia entre las horas que el alumno está más despierto y aquellas en las que manifiesta claros síntomas de agotamiento por el desarrollo de la jornada lo que le impide tener la misma capacidad de concentración. En este sentido el discurso oral grabado permite adaptar la actividad de aprendizaje al momento de concentración del alumno. Es de destacar que durante este curso se ha impartido el 75 % del horario lectivo en 2º de bachillerato entre las 13 horas y las 15 horas.


En contraposición a estas razones a favor también existen razones en contra:


  1. El ofrecer discursos sobre textos filosóficos muy concretos tienen el riesgo privar al estudiante de un derecho que puede ser muy importante desde el punto de vista pedagógico y es que un texto filosófico clásico está por encima de cualquier profesor de secundaria y de lo que no debe ser excusa un discurso es de la tarea personal e insustituible de leer filosofía. En este sentido el discurso es sólo una herramienta más muy por debajo del valor del texto mismo.

  2. Las TIC están vinculadas a situaciones de riesgo muy diversas y de una gravedad que no se ha de pasar por alto, lo que exige cada vez más un ejercicio de responsabilidad por parte de todos, tanto de los actores como de los espectadores. El ir gestando esa cultura es algo que no admite demora. 

  3. Las personas como profesionales en un ámbito muy concreto somos perfectibles y en este sentido los medios tecnológicos comportan el riesgo de transmitir una imagen congelada de un momento como imagen estándar e inmutable propia de la grabación. Pero también es conveniente profundizar más en esta cultura que valore en su justa medida el momento, la circunstancia, el fin y otros condicionantes. 


DISCURSO DEL MÉTODO

PARTE I


Parte primera del Disc del Método.
Párrafos 1 y 2

https://drive.google.com/open?id=1DikjWxtcRrxpTVFLEhw8x_snod1Zi_Gk


Parte primera del Disc del Método.
Párrafos 3, 4, 5

https://drive.google.com/open?id=1HI5F5Mj7ORaLv6GmeKaeaETqcaHDh4tU


Parte primera del Disc del Método.
Párrafos 6 y siguientes

https://drive.google.com/open?id=1GxN5ZgFx-vDl7Wea0H3Ki8qNnf9evo4R

PARTE II



Discurso del método, parte segunda, párrafos 1 al 5

https://drive.google.com/open?id=19OZ0GpdPLXkqviu8HwFAi9ogpk2NeOFB

Discurso del método, parte segunda, párrafo 6



Discurso del método, parte segunda, párrafos 7, 8, 9, 10


Discurso del método, parte segunda, párrafo 11


Discurso del método, parte segunda, párrafo 12

https://drive.google.com/open?id=14A482E_MvFseICFMg_fA2kxQrCASUCTU


Discurso del método, parte segunda, párrafo 13

https://drive.google.com/open?id=1zpvZHK4mdalT56WU_skIM6RGGHbHpr7B

PARTE III



Discurso del método, parte 3, párrafo 1

https://drive.google.com/open?id=1xUaynHWHbIYEPQX_wLD0l-uH7TmBS7MH


Discurso del método, parte 3, párrafo  2

https://drive.google.com/open?id=1H2DQG9QAf1bXf9LNckiTvBopSunirT9F


Discurso del método, parte 3, párrafo  3

https://drive.google.com/open?id=1LDF80wmn7qhcnfKaVaOL1LafmJg42c0S

Discurso del método, parte 3, párrafo 4


 Discurso del método, parte 3, párrafo 5

https://drive.google.com/open?id=1edxh6oWs8XmGEzq2ObMWT1oMM7uUCJ7Z

Discurso del método, parte 3, párrafo 6

https://drive.google.com/open?id=1asDTB-tMx22W6h3bGAyQTNHO-itnLIVq

Discurso del método, parte 3, párrafo 7




PARTE IV

Discurso del método, parte 4, párrafo 1




Discurso del método, parte 4, párrafo 2


Discurso del método, parte 4, párrafo 3

https://drive.google.com/open?id=1uOD2Zvrorlt5_Dq0cQ1MT6kJu84NcHhD

Discurso del método, parte 4, párrafo 4

https://drive.google.com/open?id=1xRXTwZVndOtScegDop9_-knmk1bQqFgW

Discurso del método, parte 4, párrafo 5


Discurso del método, parte 4, párrafo 6


Discurso del método, parte 4, párrafo 7


Discurso del método, parte 4, párrafo 8